“Si alguien llega a ustedes predicando a un Jesús diferente del que les hemos predicado nosotros, o si reciben un espíritu o un evangelio diferentes de los que ya recibieron, a ése lo aguantan con facilidad… Aguantan incluso a cualquiera que los esclaviza, o los explota, o se aprovecha de ustedes, o se comporta con altanería, o les da de bofetadas.” - 2ª Corintios 11:4,5,20, NVI.
El centro del cristianismo no puede ser algo diferente a Cristo Jesús mismo. No puede ser “el Papa”, “la Iglesia,” algún reformador protestante o alguna “organización” religiosa. De hecho, habría que decir que todo lo que se aleje del espíritu sencillo y amoroso de Jesús de Nazaret es sencillamente “moneda falsa.” Y mucho más, cuando quienes se arrogan un papel dirigente en sentido espiritual, esclavizan, explotan, se comportan con altanería o dan bofetadas a otros.
Y si se es sincero, un vistazo a la historia muestra la infinidad de abusos que se han producido “en el nombre de Dios.” La Inquisición o las Cruzadas, han dejado una mancha indeleble en la historia de la iglesia católica; la aprobación por parte de Martín Lutero de la matanza de miles de anabaptistas inocentes; la quema de Miguel Servet en la hoguera por orden del reformador Juan Calvino; las guerras de religión entre católicos y protestantes en distintos lugares de Europa; el suicidio en 1979 de novecientas personas en Guyana “guiadas” por el reverendo Jim Jones, o la política inhumana y atroz de expulsión y extremo rechazo propiciada por los testigos de Jehová, son solo algunos ejemplos vergonzantes de lo que no debería llamarse con propiedad “cristianismo.”
Las palabras de Pablo arriba citadas, muestran que él mismo tuvo que lidiar con hombres sin escrúpulos que pretendían imponer “un evangelio diferente.” Pero también puso en evidencia a los creyentes que los “aguantaban con facilidad” convirtiéndose así en meros esclavos de hombres. Un aspecto curioso de la psicológía humana digno de estudio. Sin embargo, el evangelio muestra que las verdaderas ovejas del Buen Pastor saben reconocer la voz de su amo y no se confunden.
Llama por tanto la atención la invitación que Cristo Jesús dirige a todo creyente:
Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.” -Mateo 11:28-30, NVI.
Como escribe el profesor Manuel Fraijó sobre Cristo Jesús:
Sus métodos eran distintos. Él procedía por insinuaciones, por respetuosas invitaciones y apelaciones a lo más profundo del hombre. Nunca violentó conciencias ni impuso dogmáticamente sus propias convicciones. Es ocioso recordar que no impuso sanciones ni condenó a nadie al silencio. Alguna vez, sus discípulos le pidieron que hiciera bajar fuego del cielo para dar su merecido a los disidentes, pero Jesús rechazó ásperamente su propuesta. Y sus mejores seguidores hablaron siempre con parresía, es decir, con una libertad que afrontaba el riesgo. Es la libertad que mueve a los que confían en que la verdad es noble y se abre paso por sí misma.” -Fragmentos de Esperanza, pág. 355.
Esteban López

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