“Pero la nota más original y profunda de la idea cristiana de la divinidad viene expresada por esta rotunda y maravillosa sentencia del Nuevo Testamento: “Dios es amor”; hò theós agápe estin, Deus caritas est, en los textos originarios de la fe cristiana. No se afirma con ella que el amor -un amor radicalmente distinto del éros griego, el amor como agápe o caritas, en definitiva como autodonación- sea el nervio más entrañable de toda operación divina -creación, redención, salvación- sino que, cualquiera que sea el modo humano de concebirla, la realidad primaria de Dios consiste precisamente en ser amor. Lo primario para la realidad de Dios no es para el cristiano “ser espíritu puro”, sino “ser amor.” Misterio insondable, en cuanto que enseña que con Dios el amor no es, como en el hombre, modo posible de operación, sino principio supremo de realidad.
“En cualquier caso, pienso que también son cristianos, aunque confesionalmente no pertenezcan a ninguna Iglesia, las no pocas personas que en su intimidad, acaso si expresarlo públicamente, se sienten unidas a Cristo según lo que para ser cristiano es esencial.” -Pedro Laín Estralgo, en El Problema de Ser Cristiano, Galaxia Gutemberg, 1996.
