¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? (8:31,32) Nueva versión internacional
¡Que bello es el capítulo 8 de la carta de Pablo a los Romanos! ¡Cuánto hay para desmenuzar y saborear allí! Aquí solo unos breves comentarios:
Esperar recompensas, reconocimientos, aprecio sincero, de humanos, es frecuentemente esperar demasiado. Cuando el servicio a Dios se realiza con la expectativa de recibir, se está entonces muy expuesto a la decepción. Aquí el versículo 32 nos ubica, haciéndonos razonar sobre la verdadera fuente del dar: Dios mismo. El razonamiento es sencillo. Si el Padre no retuvo, no escatimo, no perdono, no eximio, no vacilo, en entregar a su propio Hijo por todos nosotros, dio lo más preciado, lo más valioso por el humano, ¿Por qué, entonces, podemos esperar que no nos dé mucho menos que eso, quizás mucho de lo que anhelamos, necesitamos o esperamos? Si tenemos esta óptica, seguramente que podremos decir como el apóstol Pablo: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?”
Para quien está al tanto de los graves problemas que tiene el ser humano en la actualidad, seguramente se sentirá identificado con el versículo 22:
“Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto.”
Ahora bien, aunque estas palabras pudieran tener un tinte negativo, y triste, también notemos que están llenas de un detalle que envuelve esperanza. Dice allí que toda la creación gime como si tuviera “dolores de parto”. La mujer que ha experimentado los dolores de parto sabe muy bien lo que esto envuelve, solo ella. Aun así, lo soporta pues la esperanza está allí presente en esos transcendentales momentos: espera ver el fruto de su vientre. Por lo tanto su sufrimiento, su gemir, tiene otro sabor, si así se lo pudiera llamar. Así mismo, todo el sufrir por el que está atravesando el humano, debe de tener un final feliz, como lo expresa el versículo 20 y 21:
“Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza”
¿Verdad que consuela tener presente que después de la tormenta siempre sale el sol?
Un conocido refrán dice así: “Si de día lloras porque no ves el sol, de noche tampoco veras las estrellas”. Y es que si de esperanza se trata, se trata de lo que no se ve; cómo se explica en los versículos 24 y 25:
“Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.”
Si queremos ver para creer, lamentablemente carecemos de esperanza.
Para finalizar, el siguiente pasaje de los versículos 37 al 39 ha sido un “ancla para el alma”, tanto firme como segura, en el caso de muchas personas que hicieron del amor de Dios, repito, del amor de Dios, la meta de su vida. El convencimiento de esto les dio las fuerzas para afrontar las más duras pruebas y también para resolverse a vivir según Sus principios. Para todos ellos vayan estas palabras cumbres de la carta a los romanos:
Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
Spiri
“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?” (Romanos 8:35)NVI
Estimados foristas:
Concuerdo plenamente con el juicio externado por Spiri sobre el capítulo 8 de Romanos. Ciertamente que es un banquete para el espíritu el repasar esa porción de la Palabra de Dios.
En particular me llama la atención el versículo 28 que dice: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.”
El amar a Dios es la clave para ser objeto de su favor. Nadie en sentido absoluto puede separarnos de una relación con Dios que se establezca sobre la base del amor (Versos 38 y 39). Como destaca el verso 28, “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman”, es decir, que Él proporciona la guía que necesitamos y tornar las adversidades en triunfos. Por eso Pablo podía decir con toda certeza que ni siquiera sucesos que estuvieran en el por venir estorbarían la relación del Padre con Sus Hijos espirituales.
¡Que reconfortante es el meditar en estas expresiones! Nuestro Padre Celestial está pendiente de aquellos corazones que lo aman y demuestran ese amor al mostrar interés sincero por su semejante. No habrá acusación ni condena hacia aquellos que sean objetos del amor imparcial de Dios. (Versos 33 y 34).
Esta gracia está disponible a toda la humanidad. “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Verso 14). Para ello necesitamos que el Espíritu Santo de Dios more con nosotros. “Ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia.” (Verso 9 y 10).
La exhortación que Pablo da en los versos 12 y 13 destaca lo que tenemos que hacer para establecer una relación filial con nuestro Padre Celestial. “Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán”.
Esta meta no está más allá del alcance de nosotros, seres humanos con múltiples imperfecciones. Contamos con la ayuda de la fuerza más poderosa del universo, el Espíritu Santo de Dios. La provisión del rescate dado por Cristo nos permite servir con conciencia limpia, tiene el poder de elevarnos la moral para que rompamos las cadenas del pecado.
Este último punto se debe tener presente cuando nos preguntamos sobre cual fue el beneficio del rescate pagado por Cristo. Gracias a esta inefable provisión, dejamos de ser esclavos abyectos a los requerimientos de nuestra carne imperfecta y podemos vivir vidas ejemplares, dentro de este mundo arropado por la corrupción.
Fraternalmente,
Apolo