“El cristiano no cree primariamente “en” la resurrección, en el hecho sucedido, sino “en” el mismo Resucitado, en su persona presente….
A todo esto, anunciar entonces al Crucificado como viviente pudo ser cualquier cosa menos una cosa natural. Para el mismo Pablo era una “moria”, una “insensatez”, la locura total. Pues sostener impertérritos una cosa así después del gran fracaso, esperando contra toda esperanza, era tanto como decir que este réprobo, condenado por las legitimas autoridades, al parecer maldito por Dios, tenía a pesar de todo, razón, si, que Dios, en cuyo pseudomesias había eliminado, al fin lo había aceptado y confirmado. Que Dios, en suma, se había pronunciado a favor de él y no a favor de la piadosa y observante jerarquía, la cual había creído cumplir la voluntad de Dios…
Creer en el Resucitado a la nueva vida, por tanto, significa volver a preguntarse por la vida que el vivió, por el camino que el recorrió; significa, en una palabra, iniciarse en el seguimiento de ese mi propio camino, según su orientación. Así, en mirada retrospectiva, desde su nueva vida, vuelve a pasar ante mi todo aquello por lo que este Jesús de Nazaret abogo y por lo que él- el Viviente- aun hoy aboga con su invitación, solicitud y promesa:
Si; Jesús tiene razón cuando se identifica con los débiles, los enfermos, los pobres, los no privilegiados, incluso los moralmente fracasados;
tiene razón cuando reclama el perdón sin límites, el servicio mutuo sin diferencias jerárquicas, la renuncia sin contrapartida;
tiene razón cuando trata de suprimir las fronteras entre compatriotas y no compatriotas, próximos y lejanos, buenos y malos, y todo ello en un amor que no excluye de su afecto al adversario y al enemigo;
tiene razón cuando pone al servicio del hombre las normas y leyes, los mandamientos y prohibiciones, como cuando en beneficio del hombre relativiza instituciones, tradiciones y jerarquías; tiene razón cuando establece la voluntad de Dios como norma suprema, pero no enderezada a otra cosa que al bien del hombre;
y tiene razón cuando proclama a este su Dios, que se solidariza con las calamidades y esperanzas de los hombres; que no pide , sino que da, que no somete, sino levanta, que no castiga, sino libera, que en lugar del derecho usa de gracia sin reservas.”
Hans Kung, de su libro ¿Vida eterna?, Editorial Trotta, paginas 194, 195.
Spiri