El temperamento de algunas personas suele ser optimista y tolerante, mientras que otras son más bien severas y pesimistas. Leí el siguiente fragmento y deseaba compartirlo como un ejemplo de optimismo frente a las situaciones difíciles por las que todos atravesamos.
“En la década del veinte, cuando era joven, mi tía June abandono su hogar en Kansas City y se marcho sola a Shanghái: un viaje peligroso para una mujer sola en aquellos tiempos. Allí, June conoció a un detective británico de la fuerza de policía colonial de ese centro internacional de comercio e intriga, y se caso con él. Cuando los japoneses tomaron Shanghái al principio de la segunda guerra mundial, mi tía y su esposo quedaron internados en el campo de prisioneros que aparece descrito en el libro y la película titulados El imperio del sol. Después de sobrevivir a cinco horrendos años en el campo de prisioneros, ella y su esposo, literalmente lo habían perdido todo. Sin dinero, fueron repatriados a la Columbia Británica.
Recuerdo haber visto por primera vez a June de niño, era una mujer de edad, entusiasta, cuya vida había seguido un rumbo notable. En los últimos años de su vida sufrió un ataque que la dejo parcialmente paralizada; después de una lenta y ardua recuperación logro volver a caminar, aunque con una leve cojera. Recuerdo que en aquellos años salí a pasear con June, que entonces rondaba los setenta años. Por alguna razón ella se alejo y unos minutos después oí un débil quejido… June pedía ayuda. Se había caído y no podía levantarse sola. Corrí a ayudarla y, mientras lo hacía, en lugar de quejarse o lamentarse ella se echo a reír de la difícil situación. Su único comentario, fue un alegre: “Bueno, al menos puedo volver a caminar”.
Daniel Goleman, de su libro La inteligencia emocional, págs. 255, 256.
Spiri