Estimados foristas:
El capítulo que tenemos para considerar constituye para mí una obra maestra de la enseñanza cristiana. En éste notamos la forma magistral y bien sustentada con la que Pablo explica su argumento de que la Salvación es mediante la fe y que ambos pueblos, los judíos y las naciones, recibirían la misma recompensa.
Esta enseñanza estaba ya implícita en las Escrituras, pero ha sido el discernimiento espiritual de Pablo que lo sacó a la luz. Ciertamente que esto fue bajo la influencia del Espíritu Santo.
Me llamó la atención el argumento irrefutable que el utiliza para destacar la importancia de la fe sobre las obras de Ley. El verso 4 en adelante dice: “Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda. Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia. David dice lo mismo cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras: «¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!» NVI (Cita del Salmo 32).
Este aspecto capital de la fe cristiana es obviado por muchos, que aunque no niegan que la promesa de Dios es un dádiva gratuita, al hacer hincapié en la realización de una serie de obras esquematizadas están haciendo ver que la recompensa se la han ganado, pues tienen un registro abultado de cumplimiento estricto de estipulaciones y actividades promovidas por su organización religiosa. Aquí en mi país usan una expresión para describir este pensar y es: “Tienen a Dios agarrado de un brazo”. Es decir que Éste está obligado a cumplir con ellos, pues ellos trabajaron.
Si ese fuera el caso, entonces se deben de tomar en cuenta TODAS nuestras obras, y cuando se analizan con detalle vemos que nuestros errores pesan más que nuestros aciertos. De ahí que sea consolador leer expresiones como las que Pablo cita del Salmo 32. Ciertamente que es un alivio que no se use la Justicia estricta para juzgarnos, sino que el Amor de Dios nos haga objeto de Su Misericordia.
Este hecho cambia nuestra situación, pues en vez de Dios estar endeudado con nosotros, somos nosotros lo que lo estamos con Él. Hemos sido objeto de una justificación por Fe y no por Obras de Ley. Como bien se destaca al final del capítulo al Pablo escribir: “Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.” NVI (Verso 24 y 25).
Esta piedra angular del mensaje del Evangelio, tan sencillo y a la vez profundo en significado, es el que ha de darse a conocer. Si la gente se le lleva a Cristo, y no a una organización en particular, su fe estará cimentada en roca y no en la arena de las opiniones humanas.
Fraternalmente,
Apolo
Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó… Su fe no flaqueó… Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. (4:18,19,20,21) NVI
Estas palabras hablan por sí solas con respecto a la fe de Abraham. Que llamativa la expresión: contra toda esperanza. Puede que los vientos de la vida soplen en contra, poniendo en duda el feliz resultado de aquello que ansiamos. Aun así, se puede creer y esperar. Para que esto sea posible intentemos reafirmar nuestra fe en Dios. Preguntarnos porque creo en esto o aquello, analizar los resultados en la propia vida, investigar las cualidades divinas, todo esto pudiera reafirmar la fe, o como dice otra traducción, fortalecer la fe. Así se puede llegar estar plenamente convencido. En este convencimiento puede que exista la paz interior. Muchas y variadas son las situaciones hoy en día que atentan contra esa paz y ese convencimiento. Aun así, podemos tener una fe, aunque no perfecta, pero si robusta, no flaca, como la de Abraham.
Saludos
Spiri