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Romanos capítulo 10

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (10:9,10, Valera).

No es posible confesar con plena convicción y sinceridad que se cree en Jesús si no se siente eso firmemente en el corazón. Por eso se dice que “de la abundancia del corazón habla la boca.” Ocurre que a veces es difícil reconocer en voz alta que se cree en él, sobre todo cuando se vive en una sociedad profundamente secular donde  parece que el hecho religioso se haya relegado definitivamente a la intimidad; suele ocurrir que no sea muy común oir a alguien confesar en según que medios, que cree en Jesús.

Pero habría que reconocer que, si se es consecuente con lo que se cree, esa confesión es importante a los ojos de Jesús mismo:

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” -Mateo 10:32,33.

Por supuesto, esa creencia solo será consecuente a los ojos de Dios y de los hombres cuando vaya acompañada de buenas obras. La idea que se transmite tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo es que “todo aquel que en él cree, no será defraudado” y que “todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo.”

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (10: 14,15).

Son muchas las sociedades bíblicas y los misioneros de muchas iglesias los que, de un modo u otro, dan a conocer “las buenas nuevas acerca del Cristo.” Sería poco honrado afirmar que la exclusiva de esa predicación pertenece solo a una iglesia determinada. El siguiente ejemplo ilustra cómo son muchos los que predican y no solo unos pocos. Hermosos son también sus pies.

http://www.taize.fr/es_article8451.html

Estimados foristas:

Del capítulo 9 de romanos me llamó la atención los versos 30-33, los cuales copio a continuación: “¿Qué concluiremos? Pues que los gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe. En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa justicia. ¿Por qué no? Porque no la buscaron mediante la fe sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron con la «piedra de tropiezo», como está escrito:
«Miren que pongo en Sión una piedra de tropiezo
y una roca que hace caer;
pero el que confíe en él no será defraudado.»”

En esta cita se observa como Pablo establece un contraste entre el derrotero de dos grupos bien diferenciados, los gentiles y los judíos. Estos últimos se durmieron en los laureles y se concentraron en procurar obtener la justicia mediante el cumplimiento estricto de un código escrito. Los gentiles, en cambio, obtuvieron una posición de justos al ejercer fe en el medio dado por Dios para salvación, Su Hijo.

Fue notorio como aunque el ministerio de Cristo iba dirigido al pueblo escogido de Dios, el Israel, la mayoría de estos lo rechazaron. En cambio personas de otras naciones, como los samaritanos, la mujer siria-fenicia, el centurión romano, demostraron tener una fe digna de elogio. Esa fe nacía del corazón y no estaba supeditada a una ley escrita.

El error de muchos israelitas fue que procuraron obtener la fe mediante obras. No es posible que las obras produzcan fe, sino que la fe es la que debe produce las obras. Primero tiene que estar la fe.

De lo contrario lo que ocurre que nuestro corazón traicionero puede engañarnos haciéndonos pensar que conseguiremos el favor de Dios al guardar de forma escrupulosa una serie de preceptos religiosos. Terminamos centrándonos en nosotros mismos y vamos inevitablemente a tropezar con Cristo, pues ya no lo veremos como la piedra angular de fundamento. (Comparar con Efesios 2: 8, 9).

En el espejo del pueblo de Israel debemos vernos todos, especialmente si hemos sido influidos por instituciones religiosas que, de forma tácita, ponen las obras en un sitial de más valor que la fe, creando así un falso sentido de seguridad en sus adeptos.

Fraternalmente,

Apolo

Si todo va bien, pronto estará disponible en la web de Commentary Press – http://www.commentarypress.com/- y en formato PDF la segunda edición del libro Crisis de Conciencia. Tanto la traducción como las pruebas de edición ya se han completado. Es una edición ampliada si se tiene en cuenta que corresponde a la cuarta edición en inglés. En esta nueva edición pueden encontrarse comentarios de Raymond Franz, anterior miembro del cuerpo gobernante, a los cambios doctrinales que han tenido lugar en los últimos años en la religión de los testigos de Jehová. Contiene además un buen número de fotografías. El material ha sido traducido desinteresadamente por personas de distintos países.

Como Ray Franz ha explicado en más de una ocasión, Crisis de Conciencia se escribió debido a un sentido de obligación; eran ya demasiados los asuntos que merecían tratarse desde el respeto, pero también con un espíritu crítico constructivo. Esa es la razón por la que el libro ha supuesto para muchas personas un importante motivo para la reflexión, y un punto significativo de inflexión en la historia de la religión de los testigos de Jehová.

No era ni mucho menos intención del autor, ridiculizar o vejar las enseñanzas de una organización religiosa aceptadas fervientemente por millones de personas en todo mundo, sino hacer un llamamiento a la importancia de que el cristianismo tiene como centro solo el buen espíritu reflejado en las obras y enseñanzas de Jesús de Nazaret. Tampoco era su deseo que quien leyera el libro perdiera la fe; como él mismo escribe “la búsqueda de la verdad no debe ser destructiva de la fe.” Más bien su lectura debería potenciar la confianza que todo creyente debería depositar solo en Dios.

Y por supuesto, tampoco deberían otras personas ajenas a los testigos de Jehová regodearse en los aspectos que comprometen seriamente a esa religión, ya que algunos de esos mismos asuntos (como el exceso de autoritarismo, etc) también pueden encontrarse en sus propias iglesias. De modo que el libro se convierte así en motivo inevitable para la reflexión de todo creyente.

Aunque Ray Franz ha cumplido hace poco ochenta y siete años, sigue muy activo y ha expesado su deseo de concentrarse en los próximos meses en la revisión y edición definitiva al español de su segundo libro A la búsqueda de la libertad cristiana.

Romanos capitulo 8

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? (8:31,32) Nueva versión internacional

¡Que bello es el capítulo 8 de la carta de Pablo a los Romanos! ¡Cuánto hay para desmenuzar y saborear allí! Aquí solo unos breves comentarios:

Esperar recompensas, reconocimientos, aprecio sincero, de humanos, es frecuentemente esperar demasiado. Cuando el servicio a Dios se realiza con la expectativa de recibir, se está entonces muy expuesto a la decepción. Aquí el versículo 32 nos ubica, haciéndonos razonar sobre la verdadera fuente del dar: Dios mismo. El razonamiento es sencillo. Si el Padre no retuvo, no escatimo, no perdono, no eximio, no vacilo, en entregar a su propio Hijo por todos nosotros, dio lo más preciado, lo más valioso por el humano, ¿Por qué, entonces, podemos esperar que no nos dé mucho menos que eso, quizás mucho de lo que anhelamos, necesitamos o esperamos? Si tenemos esta óptica, seguramente que podremos decir como el apóstol Pablo: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?”

Para quien está al tanto de los graves problemas que tiene el ser humano en la actualidad, seguramente se sentirá identificado con el versículo 22:

Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto.”

Ahora bien, aunque estas palabras pudieran tener un tinte negativo, y triste, también notemos que están llenas de un detalle que envuelve esperanza. Dice allí que toda la creación gime como si tuviera “dolores de parto”. La mujer que ha experimentado los dolores de parto sabe muy bien lo que esto envuelve, solo ella. Aun así, lo soporta pues la esperanza está allí presente en esos transcendentales momentos: espera ver el fruto de su vientre. Por lo tanto su sufrimiento, su gemir, tiene otro sabor, si así se lo pudiera llamar. Así mismo, todo el sufrir por el que está atravesando el humano, debe de tener un final feliz, como lo expresa  el versículo 20 y 21:

“Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza”

¿Verdad que consuela tener presente que después de la tormenta siempre sale el sol?

Un conocido refrán dice así: “Si de día lloras porque no ves el sol, de noche tampoco veras las estrellas”. Y es que si de esperanza se trata, se trata de lo que no se ve; cómo se explica en los versículos 24 y 25:

“Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.”

Si queremos ver para creer, lamentablemente carecemos de esperanza.

Para finalizar, el siguiente pasaje de los versículos 37 al 39 ha sido un “ancla para el alma”, tanto firme como segura,  en el caso de muchas personas que hicieron del amor de Dios, repito, del amor de Dios, la meta de su vida. El convencimiento de esto les dio las fuerzas para afrontar las más duras pruebas y también para resolverse a vivir según Sus principios. Para todos ellos vayan estas palabras cumbres de la carta  a los romanos:

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

Spiri

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?” (Romanos 8:35)NVI

“El cristiano no cree primariamente “en” la resurrección, en el hecho sucedido, sino “en” el mismo Resucitado, en su persona presente….

A todo esto, anunciar entonces al Crucificado como viviente pudo ser cualquier cosa menos una cosa natural. Para el mismo Pablo era una “moria”, una “insensatez”, la locura total. Pues sostener impertérritos una cosa así después del gran fracaso, esperando contra toda esperanza, era tanto como decir que este réprobo, condenado por las legitimas autoridades, al parecer maldito por Dios, tenía a pesar de todo, razón, si, que Dios, en cuyo pseudomesias había eliminado, al fin lo había aceptado y confirmado. Que Dios, en suma, se había pronunciado a favor de él y no a favor de la piadosa y observante jerarquía, la cual había creído cumplir la voluntad de Dios…

Creer en el Resucitado a la nueva vida, por tanto, significa volver a preguntarse por la vida que el vivió, por el camino que el recorrió; significa, en una palabra, iniciarse en el seguimiento de ese mi propio camino, según su orientación. Así, en mirada retrospectiva, desde su nueva vida, vuelve a pasar ante mi todo aquello por lo que este Jesús de Nazaret abogo y por lo que él- el Viviente- aun hoy aboga con su invitación, solicitud y promesa:

Si; Jesús tiene razón cuando se identifica con los débiles, los enfermos, los pobres, los no privilegiados, incluso los moralmente fracasados;

tiene razón cuando reclama el perdón sin límites, el servicio mutuo sin diferencias jerárquicas, la renuncia sin contrapartida;

tiene razón cuando trata de suprimir las fronteras entre compatriotas y no compatriotas, próximos y lejanos, buenos y malos, y todo ello en un amor que no excluye de su afecto al adversario y al enemigo;

tiene razón cuando pone al servicio del hombre las normas y leyes, los mandamientos y prohibiciones, como cuando en beneficio del hombre relativiza instituciones, tradiciones y jerarquías; tiene razón cuando establece la voluntad de Dios como norma suprema, pero no enderezada a otra cosa que al bien del hombre;

y tiene razón cuando proclama a este su Dios, que se solidariza con las calamidades y esperanzas de los hombres; que no pide , sino que da, que no somete, sino levanta, que no castiga, sino libera, que en lugar del derecho usa de gracia sin reservas.”

 

Hans Kung, de su libro ¿Vida eterna?, Editorial Trotta, paginas 194, 195.

Spiri

Romanos capitulo 7

¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? (7:24) NVI

El ser humano que tiene los dos pies en la tierra y que está consciente de su naturaleza real, la pecaminosa, y el resultado que esto conlleva, dolor y muerte, no tiene menos para decir que esto que el apóstol Pablo gritaba en tono de desesperación: “¡Soy un pobre miserable!”. Lo que dice a continuación demuestra el sentir de un hombre cautivo, pidiendo ayuda a gritos, de alguien que ruega alivio, de alguien que anhela consuelo. Dice: “¿Quién me librará de este cuerpo mortal?”

En ocasiones me he preguntado si es mejor la ignorancia a este respecto. Pues tener consciencia del estado miserable de la existencia humana, algo que se puede “esconder” de la mente, pero por poco tiempo, crea la necesidad de encontrar y para ello es necesario dedicarse a la búsqueda, a la búsqueda de una fuente de esperanza. Sino, aquí estamos, desamparados a la intemperie y expuestos al rigor de la lucha contra nuestras propias malas tendencias, expuestos a percibir con todos nuestros sentidos el sufrimiento ajeno, bajo un sentimiento pleno de impotencia que produce frustración.

Tenemos la opción de la negación a todo esto. Ocupar el tiempo en distracciones, intentando recorrer solos el camino. También la opción de buscar respuestas, respuestas que provean de donde afianzarse, respuestas que ofrezcan esperanza. Al fin, esto, creo, termina resultando vital. Así como necesitamos del aire para vivir, así mismo necesitamos darle muchas, no una sola, sino muchas oportunidades a la esperanza.

Cuando el apóstol pregunta nuevamente, aparece el “quien” antes del “que”. “¿Quién me librara? El mismo se responde así:

“¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!”  (25)

Pues así de sencillo: allí está la verdadera fuente de alivio, de ayuda y de consuelo para la sórdida miseria humana. Acercarnos a esta fuente pudiera resultar ser un gran paso en favor de nuestra búsqueda.

Spiri

El temperamento de algunas personas suele ser optimista y tolerante, mientras que otras son más bien severas y pesimistas. Leí el siguiente fragmento y deseaba compartirlo como un ejemplo de optimismo frente a las situaciones difíciles por las que todos atravesamos.

“En la década del veinte, cuando era joven, mi tía June abandono su hogar en Kansas City y se marcho sola a Shanghái: un viaje peligroso para una mujer sola en aquellos tiempos. Allí, June conoció a un detective británico de la fuerza de policía colonial de ese centro internacional de comercio e intriga, y se caso con él. Cuando los japoneses tomaron Shanghái al principio de la segunda guerra mundial, mi tía y su esposo quedaron internados en el campo de prisioneros que aparece descrito en el libro y la película titulados  El imperio del sol. Después de sobrevivir a cinco horrendos años en el campo de prisioneros, ella y su esposo, literalmente lo habían perdido todo. Sin dinero, fueron repatriados a la Columbia Británica.

Recuerdo haber visto por primera vez a June de niño, era una mujer de edad, entusiasta, cuya vida había seguido un rumbo notable. En los últimos años de su vida sufrió un ataque que la dejo parcialmente paralizada; después de una lenta y ardua recuperación logro volver a caminar, aunque con una leve cojera. Recuerdo que en aquellos años salí a pasear con June, que entonces rondaba los setenta años. Por alguna razón ella se alejo y unos minutos después oí un débil quejido… June pedía ayuda. Se había caído y no podía levantarse sola. Corrí a ayudarla y,  mientras lo hacía, en lugar de quejarse o lamentarse ella se echo a reír de la difícil situación. Su único comentario, fue un alegre: “Bueno, al menos puedo volver a caminar”.

Daniel Goleman, de su libro La inteligencia emocional, págs. 255, 256.

Spiri

Romanos capítulo 6

Si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección.” 6:5, Nueva Versión Internacional.

La resurrección no debería verse como algo extraño o añadido, ajeno a las espectativas del ser humano, sino como una exigencia fundamental que en realidad brota de lo más profundo de su ser. Como escribe Wolfhart Pannenberg, “la muerte cuestiona radicalmente cualquier asomo de sentido en la vida individual… la muerte, en cuanto tal, carece de todo sentido positivo.”

En condiciones normales de salud y de medios suficientes para mantenerla, el ser humano ama profundamente la vida. Quizá por eso no entiende que tenga que dejar la existencia para siempre; en realidad presiente que eso sería como dar un caramelo a un niño para luego, lleno de ilusión, quitárselo. Es como si  algo no cuadrase, aunque la experiencia diaria muestre una y otra vez que todo lo físico inexorablemente muere. Y por supuesto, mucho menos se comprende la muerte por violencia, accidente, hambre o enfermedad. Sin embargo, es cuando no existe ninguna clase de esperanza que semejante perspectiva quizá se contemple, en palabras de Albert Camus, como ‘el más terrible de los absurdos.’

El cristianismo, como oferta de sentido, habla una y otra vez de resurrección. Ante la desesperanza más absoluta, abre una ventana allí donde la ciencia y la filosofía carecen de respuestas. Es una invitación a gozar plenamente de la existencia teniendo en mira la eternidad. Y es el cristianismo el que entiende que todo esto es posible gracias a la resurrección de Jesús. “El nacimiento del cristianismo fue consecuencia directa de la resurrección de Jesús. Si todo hubiera terminado en la tarde del viernes santo, no habría sido posible la religión cristiana. Fue la resurrección la que puso en marcha ese gran movimiento espiritual llamado cristianismo. Si la resurrección de Jesús es la condición de posibilidad del cristianismo, y el cristianismo es un hecho, la conclusión es evidente: la resurrección de Jesús no pudo ser mera alucinación.”

-W. Hamilton, Die Eigenart der Theologie Pannembergs, 233, citado por Manuel Fraijó en El sentido de la Historia, Introducción al pensamiento de Wolfhart Pannenberg, 1986, Ediciones Cristiandad.

Cuando nos vemos frente a frente con las injusticias y el sufrimiento, fuere del carácter que fuere, bueno sería poder situarnos a gran altura, digamos a 6000 millones de kilómetros de nuestro hogar la Tierra, y, desde allí, observar lo que está ocurriendo; de seguro que veríamos todo desde una perspectiva que nos de una motivación mas para hacerle frente a todo lo que cada ser humano está experimentando. También la esperanza en un Creador que nos observa, a nosotros, que habitamos este“apenas un punto azul pálido azul en el Universo”, bien nos daría la convicción del salmista, en la Cancion del las Subidas. El salmo 121 dice asi:

Alzaré mis ojos a los montes.

  ¿De dónde vendrá mi socorro?

 Mi socorro viene de Jehová,
   que hizo los cielos y la tierra.

 No dará tu pie al resbaladero
   ni se dormirá el que te guarda.

 Por cierto, no se adormecerá ni dormirá
   el que guarda a Israel.

 Jehová es tu guardador,
   Jehová es tu sombra a tu mano derecha.

 El sol no te fatigará de día
   ni la luna de noche.

 Jehová te guardará de todo mal,
   él guardará tu alma.

 Jehová guardará tu salida y tu entrada
   desde ahora y para siempre.

 Version Valera 1995

Lo que sigue, del diario Clarin de Argentina del dia 7 de Junio de 2009, pudiera ayudarnos en nuestra reflexión, mas alla de la postura del escritor. Creo que es un articulo interesante. Que lo disfruten:

Apenas un punto azul pálido en el universo

Entre la Tierra y el cielo. Todos los sueños y los miedos caben entre ambas dimensiones.

Por: Peter Singer
Fuente: PROFESOR DE BIOETICA, UNIVERSIDAD DE PRINCETON

El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant escribió: “Dos cosas llenan el corazón de un temor y una reverencia siempre renovados: el firmamento estrellado arriba y la ley moral en nuestro interior”.
Este año, el 400 aniversario del primer uso de un telescopio por parte de Galileo, ha sido declarado el Año Internacional de la Astronomía, de modo que parece un buen momento para reflexionar sobre la primera fuente de “temor y reverencia” de Kant.
¿Qué nos dice la astronomía sobre “el firmamento estrellado arriba”? Al ampliar nuestro conocimiento de la vastedad del universo, la ciencia aumentó el temor y la reverencia que sentimos cuando miramos para arriba en una noche estrellada (es decir, suponiendo que nos hemos alejado lo suficiente de la contaminación ambiental y la excesiva iluminación callejera como para poder ver bien las estrellas). Pero, al mismo tiempo, nuestro mayor conocimiento seguramente nos obligue a reconocer que nuestro lugar en el universo no es particularmente importante.
En su ensayo Sueños y realidades, el filósofo Bertrand Russell escribió que toda nuestra galaxia Vía Láctea es un fragmento diminuto del universo y que, dentro de este fragmento, nuestro sistema solar es “una mota infinitesimal”, y dentro de esta mota, “nuestro planeta es un punto microscópico”.
Hoy, no necesitamos basarnos en ese tipo de descripciones sobre la importancia de nuestro planeta dentro de nuestra galaxia. El astrónomo Carl Sagan sugirió que la sonda espacial Voyager capturara una imagen de la Tierra cuando alcanzara los márgenes externos de nuestro sistema solar. Lo hizo, en 1990, y la Tierra aparece en una imagen granulada como un punto azul pálido. Si uno va a YouTube y busca “Carl Sagan – Pale Blue Dot” (punto azul pálido en inglés), puede verlo, y hasta escuchar al propio Sagan diciéndonos que debemos querer a nuestro mundo porque todo lo que los humanos alguna vez valoraron existe solamente en ese punto azul pálido.
Es una experiencia conmovedora, ¿pero qué debemos aprender de ella? Russell pensaba que era importante confrontar el hecho de nuestro lugar insignificante en el universo, porque no quería que viviéramos en la comodidad ilusoria de creer que el mundo había sido creado para nosotros y que estamos bajo el cuidado benevolente de un creador todopoderoso. Sueños y realidades concluye con estas palabras conmovedoras: “Ningún hombre está liberado del miedo si no se atreve a ver su lugar en el mundo tal cual es; ningún hombre puede alcanzar la grandeza de la que es capaz hasta que se permita ver su propia pequeñez”.
Después de la Segunda Guerra, cuando el mundo se dividió en campos nuclearmente armados que se amenazaban con la destrucción mutua, Russell no era de la idea de que nuestra insignificancia, frente a la vastedad del universo, significaba que el fin de la vida en la Tierra no importaba. Por el contrario, hizo del desarme nuclear el principal foco de su actividad política por el resto de su vida.
Sagan adoptó una visión similar. Al Gore utilizó la imagen del “punto azul pálido” en el final de su película “Una verdad incómoda”, donde sugería que si destruimos este planeta, no tenemos otra parte adonde ir.

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2009.

http://www.youtube.com/watch?v=oGKm6_-BmRE

Spiri

Estimados foristas:

El capítulo que tenemos para considerar constituye para mí una obra maestra de la enseñanza cristiana. En éste notamos la forma magistral y bien sustentada con la que Pablo explica su argumento de que la Salvación es mediante la fe y que ambos pueblos, los judíos y las naciones, recibirían la misma recompensa.

Esta enseñanza estaba ya implícita en las Escrituras, pero ha sido el discernimiento espiritual de Pablo que lo sacó a la luz. Ciertamente que esto fue bajo la influencia del Espíritu Santo.

Me llamó la atención el argumento irrefutable que el utiliza para destacar la importancia de la fe sobre las obras de Ley. El verso 4 en adelante dice: “Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda. Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia. David dice lo mismo cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras: «¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!» NVI (Cita del Salmo 32).

Este aspecto capital de la fe cristiana es obviado por muchos, que aunque no niegan que la promesa de Dios es un dádiva gratuita, al hacer hincapié en la realización de una serie de obras esquematizadas están haciendo ver que la recompensa se la han ganado, pues tienen un registro abultado de cumplimiento estricto de estipulaciones y actividades promovidas por su organización religiosa. Aquí en mi país usan una expresión para describir este pensar y es: “Tienen a Dios agarrado de un brazo”. Es decir que Éste está obligado a cumplir con ellos, pues ellos trabajaron.

Si ese fuera el caso, entonces se deben de tomar en cuenta TODAS nuestras obras, y cuando se analizan con detalle vemos que nuestros errores pesan más que nuestros aciertos. De ahí que sea consolador leer expresiones como las que Pablo cita del Salmo 32. Ciertamente que es un alivio que no se use la Justicia estricta para juzgarnos, sino que el Amor de Dios nos haga objeto de Su Misericordia.

Este hecho cambia nuestra situación, pues en vez de Dios estar endeudado con nosotros, somos nosotros lo que lo estamos con Él. Hemos sido objeto de una justificación por Fe y no por Obras de Ley. Como bien se destaca al final del capítulo al Pablo escribir: “Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.” NVI (Verso 24 y 25).

Esta piedra angular del mensaje del Evangelio, tan sencillo y a la vez profundo en significado, es el que ha de darse a conocer. Si la gente se le lleva a Cristo, y no a una organización en particular, su fe estará cimentada en roca y no en la arena de las opiniones humanas.

Fraternalmente,

Apolo

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