Fuentes web
Entradas
Comentarios

Una visita inesperada

Esta mañana sonó el timbre del interfono de mi casa. En mi ciudad es hoy un día festivo, por lo que antes de contestar pensé que quizá se trataría de alguna equivocación. Por la pantalla pude ver a un señor amable que se identificó como testigo de Jehová y me invitaba a conocer la Biblia a través de unas revistas que llevaba. Le agradecí mucho su visita pero le comenté que yo ya conocía la Biblia. Amablemente se dispidió.

Fueron unos breves segundos de conversación, pero como es de imaginar, pasaron por mi corazón los más contradictorios sentimientos. Sobre todo, porque reconocí al hombre que acababa de llamar a mi casa en un día frío y lluvioso. Él es un fiel testigo de mucho tiempo, que en su juventud pasó once años en prisión por no hacer el servicio militar. De hecho su experiencia apareció en un libro escrito por un periodista español durante los años setenta del siglo pasado.

Yo no sé si quien lea esto puede llegar a comprender que, si por mí hubiera sido, lo hubiera invitado a pasar, lo hubiera abrazado con todas mis fuerzas y con hospitalidad le habría invitado a hablar de miles de cosas. Sin embargo reconozco que quizá eso hubiera sido muy difícil, que un frío telón de acero se hubiera impuesto inexorablemente entre los dos. Pero es eso lo que más me duele profundamente en el alma: que los hombres tengamos suficiente religión como para crearnos barreras entre unos y otros, que seamos capaces de odiarnos o incluso matarnos, pero que no tengamos suficiente religión como para amarnos unos a otros. Sí, ya sé, las razones que mueven a las personas pueden ser muy diversas y las relaciones humanas complejas y difíciles.

Sin embargo, mi oración permanente es que algún día eso cambie; que la hermandad humana llegue a ser una realidad tangible y que la religión signifique solo paz, unidad y un bálsamo para el alma de todos los hombres. Quizá esté deseando una simple utopía, pero siempre me resultará imposible dejar de recordar la ferviente oración de Jesús de Nazaret en el huerto de Getsemaní: “Padre, que ellos sean uno como tú y yo somos uno.”

Esteban

1ª Corintios capítulo 16

Permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor.” -1ª Corintios 16:13,14, NVI.

Entre las últimas palabras de Pablo a los cristianos corintios en esta carta, están las que se citan arriba. Ese era su deseo para ellos, que a pesar de las mil y una vicisitudes y pruebas que se encontraran en la vida, fueran capaces de aunar fe con valentía y amor.

Las pruebas en la vida pueden tener muchas caras y sutiles aristas. A veces, pueden venir de donde menos se espera. El factor sorpresa y la presión pueden ser  tan grandes que, como se escribió hace mucho tiempo,  uno “se comporte como loco.” Pero la perspectiva cristiana no representa solo una visión teórica de cómo asumir los problemas; de hecho se indica en las Escrituras que uno no está solo; que puede contar con el Espíritu de Dios; que puede pedirlo encarecidamente y que Dios no será capaz de negarlo; porque es que además se dice de Él: “de ningún modo te dejaré, ni de ningún modo te desampararé.”

Por tanto, no se trata solo de que la religión sea un simple soporte psicológico. En el cristianismo siempre se afirma con determinación, que es Dios mismo el que puede responder si se le busca encarecidamente y se le pone a prueba.

Arqueólogos israelíes han hecho público el hallazgo de la primera casa de la época de Jesús que se ha localizado en Nazaret, de donde procedía la familia del Mesías para los cristianos y situada en el norte de Israel. A sólo unas decenas de metros de la Basílica de la Anunciación, epicentro de culto popular a la Virgen María, la construcción está formada por dos habitaciones y un patio que incluía una cisterna excavada en piedra donde se almacenaba el agua de la lluvia.”

“Lo que hemos hallado es básicamente una casa típica judía de la época, con habitaciones conectadas”, apuntó en rueda de prensa la arqueóloga Yardena Alexandre, responsable de las excavaciones. Los escasos útiles encontrados en la estructura desde el inicio de los trabajos hace un mes son principalmente fragmentos de cuencos de cerámica que se remontan a los siglos I y II de nuestra era.”

Leer la noticia completa:

http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20091221/53850491754/arqueologos-israelies-descubren-la-primera-casa-en-nazaret-de-la-epoca-de-jesus.html

1ª Corintios capítulo 15

“Si los muertos no resucitan, «comamos y bebamos, que mañana moriremos.” -1 Corintios 15:32, NVI.

Cristianismo y resurrección son dos conceptos que no pueden deslindarse el uno del otro; van siempre intrínsicamente unidos. Es ahí donde reside el carácter singular del cristianismo como oferta de sentido: la esperanza. Abre una puerta al deseo del hombre de trascender cuando ni la filosofía ni la ciencia lo pueden hacer.

Es verdad que el concepto de resurrección aparece hoy día como una idea extraña. Sin embargo, en el cristianismo se le considera como absolutamente vital, siendo el firme propósito de Dios el llevarlo a cabo. La idea en sí de que Dios sea capaz de recordar a alguien que estuvo vivo, no debería extrañar demasiado, sobre todo si se tiene en cuenta que todos los días él hace que nazcan millones de seres humanos nuevos en toda la tierra. Si existe alguien capaz de semejante hazaña, entonces es seguro que podrá llevar a cabo cualquier acto suyo que dé vida de nuevo a quien él quiera.

Como todos los días se ven, a los nacimientos humanos se les dá por sentado; y aunque resurrecciones no se ven todavía, ¿tan descabellado sería pensar que el Creador podría cambiar las reglas?

http://www.pensamietoycultura.com/resurrección.htm

1ª Corintios capítulo 14

Desead ardientemente los dones espirituales… puesto que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia.” -1ª Corintios 14:1,12, La Biblia de las Américas.

"Puesto que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia."Si se comprende que Dios ama a toda la humanidad y a todas las personas de fe (Cristo Jesús las llamó “mis ovejitas”), entonces es de imaginar que éstas deben ser para él como un tesoro muy preciado y que el deber de los más fuertes es cuidarlas y fortalecerlas todo lo que puedan en sentido espiritual.

Una comunidad de creyentes o iglesia es la que está formada por personas que han depositado su confianza en Dios, y tienen el derecho de ser bien atendidas, de ser tratadas con dignidad y honestidad. Lo que debería potenciarse no es la importancia de la iglesia como institución sino el valor de los creyentes mismos -como iglesia- y su relación personal con Dios. Por tanto, las cualidades espirituales de todos deberían orientarse solo con el firme propósito de edificar y de potenciar lo mejor del ser humano; en definitiva, inculcar altos valores para el vivir de cada día y mirar al futuro con confianza.

En realidad, algo muy sagrado existe en el hecho de que alguien entregue completamente su corazón, y con plena dignidad debería ser tratado.

Esteban López

Taizé es una pequeña y tranquila aldea situada al sur de Francia. Reside allí una comunidad religiosa que trabaja con perseverancia desde hace años por la conciliación y unidad de todos los cristianos. Comenzó su actividad en los años finales de la Segunda Guerra Mundial, ayudando y auxiliando a personas que huían de los horrores de la guerra. Con el tiempo se convirtió en lugar de peregrinación de miles de jóvenes de diversos lugares. Además de Taizé como lugar de encuentro, una ciudad diferente del mundo acoge cada año a miles de jóvenes de todas partes donde conviven por varios días en unidad fraternal.

Taizé llama poderosamente la atención porque significa una refrescante ruptura con siglos de desunión y enfrentamiento religioso. Es profundamente significativo que personas de distintas iglesias, en lugar de discutir con rivalidad sobre dogmas o preceptos divisivos, se dediquen a cantar y orar juntos en unidad. Al escuchar sus cantos y oir sus oraciones, uno tiene la sensación de que el Espiritu santo de Dios se mueve más fácilmente a su antojo y que todo, absolutamente todo es posible, incluída la sentida oración de Jesús en Getsemaní, ‘Padre, que sean uno como tú y yo somos uno.’  

No es por tanto nada extraño que a Taizé y a todo lo que ello significa, se le haya llamado “esa primavera en la Iglesia.”

De Thomas Merton

Thomas MertonNo podemos llevar la esperanza y la redención a otros, a menos que nosotros mismos estemos llenos de la luz de Cristo y de su espíritu.

“La vida espiritual es una especie de dialéctica entre los ideales y la realidad… Los ideales, que generalmente se basan en normas ascéticas universales ‘para todas las personas’ -o, cuando menos, ‘para todas las que buscan la perfección’-, no pueden realizarse de la misma manera en cada individuo. Cada uno se hace perfecto, no llevando a cabo una medida uniforme de perfección universal en su propia vida, sino respondiendo a la llamada y al amor de Dios, que se dirige a él dentro de las limitaciones y circunstancias de su propia y peculiar vocación. De hecho, nuestra búsqueda de Dios no es cuestión de encontrarlo por medio de ciertas técnicas ascéticas. Mas bien, es un aquietamiento y reajuste de toda nuestra vida por medio de la abnegación, la oración y las buenas obras, de forma que el propio Dios, que nos busca más de lo que nosotros le buscamos a Él, puede ‘hallarnos’ y ‘tomar posesión de nosotros.’” -Vida y Santidad, Sal Terrae, 2006, págs. 40-42.

1ª Corintios capítulo 13

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.  Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.  El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,  no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.  El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  El amor no pasará jamás.” -Pablo de Tarso, 1 Corintios 13.

Quizá estas sean unas de las palabras más bellas jamás escritas. Y quizá pocas cosas muevan tanto al ser humano como lo hace el amor. Cuando éste existe, cuando es tan real como el que se ahí se describe, todo es posible y todo se abarca. Es el perfecto vínculo de unión entre los cónyuges y entre todas las familias del mundo. Nada funcionaría bien sin el amor.

Ese es también uno de los más poderosos impulsos positivos de la religión. Tiene la potencialidad de extenderse a todo ser humano y hace que éste ofrezca lo mejor que hay en él. Por lo contrario, sin amor todo es en blanco y negro, frío y adusto. Los episodios más oscuros y tristes de la historia humana siempre han tenido lugar en el contexto del desamor, y así sigue siendo hay día. Hay que seguir dándole una oportunidad por tanto, porque la experiencia sentida muestra que el amor nunca falla.

Intervención de Adela Cortina Orts el 10/08/2009 en la Uimp, dentro de la ESCUELA DE TEOLOGÍA «KARL RAHNER-HANS U. BALTHASAR» JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAM: TRES RELIGIONES EN DIÁLOGO, dirigido por Juan José Tamayo Acosta.

Adela CortinaAdela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía política de la Universidad de Valencia, ciudad en la que nació y donde cursó sus estudios de Licenciatura y Doctorado en Filosofía, que profundizó en las Universidades de Múnich y Francfort, como becaria del DAAD y de la Alexander von Humboldt-Stiftung. Es directora de la Fundación ÉTNOR, miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida y Vocal del Comité Asesor de Ética de la Investigación Científica y Tecnológica. Entre sus libros cabe recordar Ética mínima (1986), Ética sin moral (1990), Ética aplicada y democracia radical (1993), Ética de la empresa (1994), Ciudadanos del mundo (1997), Hasta un pueblo de demonios (1998) y Alianza y contrato (2001).

José Luis ArangurenAcaba de celebrarse un homenaje a José Luis Aranguren en el primer centenario de su nacimiento, organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones (SECC), las universidades Complutense, Autónoma y Carlos III de Madrid, la  UNED y el Instituto de Filosofía del CSIC.  A lo largo de cinco días,  las voces de muchos filósofos españoles, ellos y ellas,  han evocado con emoción la vida y la obra del Aranguren. Las palabras  del pensador, cien veces citadas, han llenado las salas de las Escuelas Pías, el  Círculo de Bellas Artes y la Universidad Complutense de Madrid.

En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla? Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del “consumidor satisfecho” es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda de la felicidad es la autocomplacencia: así, el goce del propio placer, el deseo de perfección o la práctica de la virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que “buscar” y, todavía menos, que “conquistar”, ni fuera ni dentro de nosotros mismos. La felicidad es un don, el don de la paz interior, espiritual, de la conciliación o reconciliación con todo y con todos y, para empezar y terminar, con nosotros mismos. Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose, por unos instantes, sobre nuestra cabeza. ” -José Luis Aranguren.

http://www.pensamientoycultura.com/aranguren.htm

Entradas antiguas »