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1ª Corintios capítulo 9

“¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire.” -1ª Corintios 9:24-26, NVI.

'Corran, pues, de tal modo que obtengan el premio'Poca explicación requieren esas palabras; son de una claridad meridiana. Una vez que se acepta en el corazón, el cristianismo representa una carrera de por vida y para la vida. Da sentido pleno a todo lo que se hace porque se orienta, no solo para una vida de setenta u ochenta años, sino para toda la eternidad. Se lucha no para ‘dar golpes en el aire’; no se corre como ‘quien no tiene meta.’ Se crece, se avanza, se progresa sabiendo que al final se recogerá el mejor fruto. Ese sentido trascendente, hace que sea mucho más fácil fundamentar, por ejemplo, aspectos tan importantes como el Derecho y su relación con la justicia, o la ética misma. La esperanza que ofrece no olvida a las víctimas por la violencia; deja claro que todavía hay asuntos pendientes que resolver. Por todo ello y por mucho más, Pablo vió con claridad que esa carrera sí merecía la pena correrse.

http://www.pensamientoycultura.com/carrera.htm

1 Corintios capitulo 8

“El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica”. (1Corintios 8:1) NVI

Conocimiento y amor, creo que se puede poseer ambas. El ejemplo fue Jesucristo. ¡De cuanto conocimiento disponía el! Sin embargo, ¿puede alguien decir que no era amoroso? Se lo recuerda por sus enseñanzas, pero también por su amor.

El conocimiento pone a prueba lo que somos interiormente. Este pudiera trabajar a favor nuestro, o no. Lo podemos soportar, o no. Creo que aunque el conocimiento de Dios puede contribuir a estrechar una relación con el, más logra el amor. Con razón bellamente dice el apóstol Pablo, en 1 Corintios 13: 2, y si ““entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, pero me falta el amor, no soy nada.” NVI

Es decir que el uno no excluye al otro. Me agrado como lo vierte la versión Castillan:

Pero no dejemos que ese conocimiento nos envanezca, sino usémoslo con amor, porque el amor es lo que en verdad edifica a la iglesia. (1 Corintios 8:1) Castillan

El diccionario de la Real Academia española dice que envanecer es “causar o infundir soberbia o vanidad a alguien”. Triste es cuando esta soberbia atenta contra el prójimo al punto de descalificarlo, denigrarlo o hasta excluirlo por asuntos de “conocimiento”.

Por lo tanto, si estamos en la remuneradora labor de edificar, a otros y a nosotros mismos, al conocimiento que adquiramos usémoslo con amor, nos hará personas diferentes y agradaremos a Dios.

Spiri

La Enciclopedia Británica explica el término “Apóstasía” como “total rechazo del cristianismo por parte de una persona bautizada, que habiendo profesado una vez la fe, la rechaza públicamente. Se distingue de herejía, la cual se limita al rechazo de una o más doctrinas cristianas… El término apostasía se ha usado también para referirse a los que han abandonado su condición monástica o clerical sin permiso.”

Como suele ocurrir que cada iglesia tiene su propio cuerpo dogmático de creencias, el concepto que cada una tenga de lo que es apostasía o herejía puede variar también. Suele ocurrir que se aplique el término de apóstata a los que simplemente dejan su iglesia u organización religiosa o abandonan algunas de sus creencias; aunque es posible también que esas personas no hayan renunciado nunca al cristianismo como oferta de sentido. El problema viene cuando no se respeta el derecho que toda persona tiene a cambiar de opinión o de creencia tal y como se mantiene en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

•Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. -Artículo 18.
•Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. -Artículo 19.

Prescindiendo de la carga más o menos peyorativa que pueda asignarse socialmente al término apóstata, existe el riesgo de que las organizaciones no se limiten a respetar esos derechos y apliquen sin pudor alguno políticas fundamentalistas de desprecio o extremo rechazo a quienes abandonan sus posiciones ortodoxas. Actitudes como esas pueden encontrarse tanto en el campo de la política como de la religión.

Ver ensayo completo: http://www.pensamientoycultura.com/apostasia.htm

 Es verdad que hoy día no existe un concepto de moral unificado; personas, organizaciones y sociedades suelen mantener a menudo sus propias valoraciones. Entonces, ¿qué referencia podría tenerse en cuenta en medio de tantas diferencias que significara una base moral común para toda la humanidad? En su obra Ética mínima, Adela Cortina, Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, España, escribe:

“A la altura de nuestro tiempo, la base de la cultura que se va extendiendo de forma imparable, hasta el punto de poder considerarse como sustento universal para legitimar y desligitimar instituciones nacionales e internacionales, es el reconocimiento de la dignidad del hombre y sus derechos; el techo de cualquier argumentación práctica continúa siendo aquella afirmación kantiana de que:

‘El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no solo las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin.’” I. Kant, Grundlegung, IV. Adela Cortina, Ética mínima, Tecnos, 1986.

La referencia aquí a Immanuel Kant se hace inevitable. En su obra Fundamentación para una metafísica de las costumbres, expresa lo que él mismo llama un “imperativo categórico”, es decir, un mandato que ordena lo que ordena sin considerar otros aspectos externos como la evitación de un castigo o el logro de una recompensa. Reza así:

Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal.” O también, “Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal.” Y además: “Obra de tal modo que tomes a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca meramente como un medio.” -Fundamentación para una metafísica de las costumbres, Alianza Editorial, Madrid, 2002.

La sociedad occidental, tiene como referencia el tener que regirse por los valores democráticos de libertad y el respeto a los derechos humanos. La mayoría de las constituciones democráticas del mundo se aseguran de que esa sea su principal base jurídica. El verdadero meollo de todo de suma trascendencia es que se entienda que el hombre no es un simple medio, sino un fin en sí mismo debido a su dignidad intrínseca. Por eso, tanto en el ámbito seglar como en el religioso, los derechos humanos deben ser respetados por todos. Es ahí cuando el imperativo moral categórico de Immanuel Kant debería ser recordado más que nunca. Ni los Estados políticos ni ninguna otra organización sea del carácter que sea deben violarlos; ni tampoco individuos por razones ideológicas. De modo que no hay justificación alguna para que Estados invadan militarmente a otros, o para el terrorismo atroz de índole político o religioso. Por eso, viendo al hombre como susceptible de ser defendido en su dignidad intrínseca, muchas personas han objetado en conciencia a que ese estatus se violente: se niegan por ejemplo a participar en guerras de agresión a otros Estados; a practicar abortos porque siguen entendiendo que, aunque algunos sistemas jurídicos no lo considere ‘viable’ o ‘persona’, lo que todavía no ha nacido sigue siendo humano y mantiene la firme determinación de nacer; o se niegan a formar parte de sistemas represores que anulan la libertad y dignidad de otros aunque lo diga ‘la autoridad.’ Han llegado a desarrollar una sensibilidad especial en sus conciencias a la hora de respetar profundamente al hombre, en lugar de cerrar los ojos y mirar hacia otro lado.

La conciencia debe entrenarse para que vea siempre con claridad cuando se interponen razones espúreas que pasarían por alto la rectitud de todo lo anteriormente dicho. Como ilustración, se invita al lector a ver una secuencia del excelente film Vencedores o vencidos, del cineasta estadounidense Stanley Kramer; una cinta absolutamente recomendada y que narra cómo fueron los Juicios de Nüremberg en el caso de jueces de ideología nazi que invalidaron por completo sus conciencias al aplicar injustas leyes racistas y afirmando que solo obedecían órdenes. Se recomienda que se escuche atentamente la confesión de uno de esos jueces (interpretado el papel magistralmente por el actor Burt Lancaster), y que de paso medite en qué entornos propios se pudiera pasar por alto la propia conciencia cuando la dignidad de otros está envuelta.

Vencedores o Vencidos. Sobre los Procesos de Nüremberg

Esteban López

http://www.pensamientoycultura.com/dignidad.htm

Por tratarse de una persona especifica concreta, Jesús posee una claridad, una perceptibilidad y una realizabilidad de las que carecen una idea eterna, un principio abstracto, una norma universal o un sistema conceptual. También, puede representar para el creyente un modelo fundamental de visión y praxis de la vida, realizable de múltiples maneras. En concreto, hace posible aquello que hoy, a la vista de la desorientación, la carencia de normas y sentido, la drogadicción y la violencia, se reclama por todas partes: una nueva orientación básica y una nueva actitud fundamental, pero también nuevas motivaciones, disposiciones y acciones; en definitiva, un nuevo horizonte de sentido y nuevas metas.

Por eso, ya en el Nuevo Testamento, a Jesús se le llama la Luz: “la luz de los hombres” (Jn 1,4), “la luz del mundo” (Jn 8,12). De él puede aprenderse lo que tan ausente está en una sociedad de egoístas caracterizada por la competitividad a ultranza: tener en cuenta a los demás y compartir, perdonar y arrepentirse, ejercer la consideración y la renuncia, ofrecer ayuda. Pues de los creyentes depende que el cristianismo, en la medida en que sea guiado verdaderamente por su Cristo y se deje llenar por este de luz, carisma y espíritu, pueda erigir una patria espiritual, un hogar de la fe, de la esperanza y del amor.

Según el Nuevo Testamento, incluso los no cristianos pueden conocer al Dios verdadero, pues este también se halla cerca de ellos. Y, si bien Jesucristo, en cuanto Luz, es el criterio decisivo para la acción cristiana, los cristianos no tienen más remedio que admitir que existen otras luces:

- Para millones de personas, una gran parte de las cuales se halla dispersa por el mundo entero, Moisés es el personaje central y el gran liberador y sus instrucciones para la vida se hallan recopiladas en la Tora de la Biblia hebrea.

- Para cientos de millones de musulmanes del pasado y del presente, la “Luz” que ilumina su camino es el Corán; y Mahoma, el profeta enviado por Dios, fue quien en persona y de forma convincente encarno el mensaje del Corán.

- Para cientos de millones de personas sobre la Tierra en el pasado y en el presente, Gautama es el “Despierto”, el “Iluminado”, el “Buda” y, por ende, la gran “Luz”.

- Para millones de chinos, la luz orientadora de la humanidad sigue siendo Confucio, tanto en su doctrina como en su actitud fundamental.

- Para cientos de millones de indios, el marco orientador de la vida es el hinduismo, con sus diferentes corrientes y sus plurales manifestaciones, con su fe en un orden cósmico omnicomprensivo (dharma).

En una época en la que más de seis mil millones de personas pueblan este planeta, ninguna religión está legitimada para cuestionar los caminos de salvación de las demás. Partiendo del reconocimiento de la libertad del ser humano y, en especial, de la real libertad de credo, se trataría  más bien de respetar las sendas de fe propias de cada cual y de encontrarse con los demás en el dialogo para, de este modo, comprenderse mejor a sí mismo. En la única sociedad universal, la suerte de la Tierra afecta a todos los seres humanos, independientemente de la religión, filosofía o cosmovisión que profesen. Los preceptos de la ética mundial pueden servir de orientación fundamental para esta responsabilidad universal, lo cual no excluye en modo alguno las orientaciones especificas que brindan las distintas religiones o filosofías. Al contrario, todas ellas pueden contribuir a su manera a la ética mundial.

Hans Kung, El principio de todas las cosas, ciencia y religión. Editorial Trotta, págs. 191,192.

1 Corintios capitulo 7

Porque el esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son santos. (1 Corintios 7:14)NVI

Este fragmento me pone a reflexionar sobre que ser cristiano, aunque es una gran responsabilidad, no debería basarse en algún código escrito, ni en llenar la mente de algún conocimiento exacto para alguien. Aquí se dice que la santificación, aun de los hijos, es resultado de padres puros. Ese hijo, que quizás no tenga todo el conocimiento, ya pudiera ser considerado santo. Quiero decir que puede que la aprobación divina venga no tanto por las obras, sino por la fe y el reconocimiento de parte de Dios de este hecho. También, es verdad que toda la familia se beneficia de demostrar un mismo espíritu.

“si la raíz es santa, también lo son las ramas” (Romanos 11:16)NVI

Spiri

Había preparado algo de comer, algo que me gustaba, en una sartén. No me di cuenta que la manija estaba muy caliente. Así que cuando fui a “tomar la sartén por el mango”, simplemente, me queme. Rescato este sencillo recuerdo y saco algunas conclusiones de el. Primero que me agradaba el contenido que tenia la sartén, de hecho no sería la primera vez que lo comería. Además, aunque al tener el mango caliente, este me quemaba, no pensé en ningún momento en derramar al suelo su contenido. Al contrario, haciendo algún tipo de malabar, apoye la sartén sobre una superficie plana.

Esta cotidiana comparación la traslado ahora a lo que nos ha ocurrido a muchos que “comimos” por tiempo del alimento que nos proporciono la organización religiosa con la que nos relacionamos. Un día, el mango de la sartén nos quemo. Nos enteramos de asuntos, que, quizás por dentro, ya lo intuíamos de mucho tiempo atrás. Y nos quemo, también nos fue incomodo. Conocimos la verdad, la triste verdad. Las verdades son muchas veces incomodas, queman y tendemos a soltarlas. Y fue como tener en nuestras manos ese mango caliente, que, por un lado, no queríamos soltar, no queríamos perder “el contenido”, lo bueno que aprendimos y la grata compañía de aquellos que, debido a aplicar lo bueno aprendido, se transformaron en seres que queríamos y, por qué no, también necesitábamos. Los dos “ingredientes”: la buena enseñanza y la buena gente (aunque no todas) formaban eso que no queríamos que se pierda. Y allí estábamos.

La primera reacción es soltar lo que nos causa dolor, que puede ser peligroso, luego vienen los malabares, luego pide permiso la razón y, finalmente, puede que no perdamos el contenido.

Esto, también, me recuerda, una frase que escuche un día en una película. En un juicio oral, el abogado le dice en tono firme al acusado: ¡Quiero saber la verdad! Es, entonces, cuando escucha la siguiente respuesta: ¡No sabes qué hacer con la verdad!

Esto es lo que nos ocurre a muchos en momentos de la vida. Nos chocamos de frente con verdades, con realidades inesperadas, y… puede que no sepamos qué hacer, es como si nos quemara. Nos duele, nos deja perplejos, aprendemos a hacer los nunca pensados malabares, y al fin, nos empuja a utilizar la razón. Aprendemos el equilibrio, el aguante y, también, la objetividad. Por cierto, buenas cualidades que aportan para el futuro. Si, es posible saber qué hacer con la verdad.

¿Que es mas importante, el contenido o la sarten? ¿Qué hacer entonces? ¿Evitar exponernos al dolor que trae consigo el despertar, la libertad, el pensamiento propio? ¿Escapar a la verdad? Personalmente diría que no. No porque no es la solución. No, porque no hace bien vivir a medias. No, porque es mejor aprender a manejar la verdad y, a partir de ello, crecer. Simplemente, crecer.

La próxima vez que vuelva a cocinar con esa bendita sartén, y la tome por el mango, estaré preparado. La experiencia me habrá enseñado. Así me alimentare de aquello que me hace bien, que además me gusta, y no me expondré al dolor.

Spiri

 Se ha dicho que la razón de ser de los testigos de Jehová es que tuvieron que surgir en 1919, después de la venida invisible de Cristo en 1914, para ser un contraste con el resto de iglesias de la llamada “cristiandad” y proclamar también la inminente caída de ‘Babilonia la Grande’, según ellos, el ‘imperio mundial de la religión falsa.’  Además, también se afirma que si se mostrara que la construción cronológica relacionada con 1914 y 1919 fuera errónea, entonces los testigos perderían en realidad su verdadera razón de ser.

El problema es que ya se ha mostrado con creces que la interpretación cronológica relacionada con los “siete tiempos” de Daniel, es demasiado atrevida, demasiado imaginativa y que adolece de firme base histórica. Sean cuales sean las fuentes que se consulten, ningún historiador reconoce que Jerusalén fuera destruida por Nabucodonosor en el año 607 a. C. Más bien de manera unánime marcan aquel evento histórico con veinte años de diferencia, es decir, al año 586/7 a. C., lo que dejaría sin validez y sin ninguna base, la interpretación relacionada con 1914 y por ende, 1919.

Hay que reconocer por tanto que los dirigentes de los testigos tienen ahí un serio problema que resolver. Por eso creo sinceramente que sus alusiones a 1914 o 1919 deberían ir cesando progresivamente, o mucho mejor, reconocer con humildad y públicamente que sus especulaciones han sido simplemente erróneas. Más bien que tener 1914 o 1919 como referencia o como su razón de ser, los testigos deberían tener como único referente a Jesús de Nazaret y su importante y significativa obra espiritual. Como único y verdadero centro del cristianismo, los testigos no deberían tener ninguna otro ‘punto de arranque.’ Los dos dicípulos que caminaron junto con él hacia Emáus no tenían ninguna otra referencia (y sin embargo, su ‘corazón les ardía’); ni tampoco cristianos de todos los tiempos.

Habría que tener el valor de erradicar lo artificial y lo añadido, abandonar el estilo propio y tan imaginativo de la llamada “religión americana” y volver con determinación a las verdaderas raíces. En realidad, creo que los testigos no tienen más opción, si no, el tiempo siempre jugará en su contra; simplemente no podrán resultar creíbles. Y nadie suficientemente responsable querría que se le acusara de predicar ‘otra clase de evangelio.’ -Gálatas 1:6-8, NVI.

1ª Corintios capítulo 6

“En realidad, ya es una grave falla el solo hecho de que haya pleitos entre ustedes. ¿No sería mejor soportar la injusticia? ¿No sería mejor dejar que los defrauden? Lejos de eso, son ustedes los que defraudan y cometen injusticias, ¡y conste que se trata de sus hermanos!” 1ª Corintios 6:7,8, NVI

Se entiende que en una sociedad plural, no compuesta presisamente en su mayoría por ‘ángeles inmaculados,’ sea necesario el Derecho para redimir diferencias de intereses y en justicia ‘dar a cada uno lo suyo.’ Pero parece que hoy día se producen tantos conflictos entre la gente que suele decirse que ’se pleitea’ más que nunca.

Sin embargo, la perspectiva cristiana difiere de la del Derecho Romano no solo porque pone el énfasis en la justicia a la hora de redimir diferencias, sino porque además y sobre todo, el principal énfasis lo pone en el amor. Entre los seguidores de Cristo no deberían haber pleitos, sino constantes ‘actos de conciliación,’ que rebozados de consideración y profundo respeto recíprocos, condujeran siempre a la paz y a ‘poner todas las cosas en su sitio’ en plena justicia. Al menos eso es lo que se esperaría de una familia cuyos miembros se amaran profundamente. Podrá haber diferencias, podrá haber discusiones, pero al final solo procurarán lo mejor los unos por los otros.

Sobre la superioridad del amor, Pablo fue capaz de escribir unas de las palabras más bellas jamás escritas:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue.” -1ª Corintios 13:4-8, NVI.

Altruismo, abnegación, empatía; en definitiva, esfuerzo en aras de una hermandad real. ¿Fácil? No. Pero, ¿quién dijo que el cristianismo lo fuera?

1ª Corintios capítulo 5

Quiero aclararles que no deben relacionarse con nadie que, llamándose hermano, sea inmoral o avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador.”  1 Corintios 5:11, NVI.

Pocos estarían dispuestos a tener una relación larga e íntima con personas como las que se describe arriba, sobre todo cuando se manifiesta un derrotero pertinaz e inveterado. Pero el mundo es como es y a veces no hay más remedio que tratar con personas así.

Sin embargo, otra cosa es el tipo de asociación que se tenga cuando se adora a Dios en reunión, cuando se comulga o se ora junto con otros. Pablo deja claro que la hermandad en ese caso sí debería ser sincera y genuina y que por tanto no cabría en ella personas como las que describe arriba. Por eso sigue diciendo:

Así que celebremos nuestra Pascua no con la vieja levadura, que es la malicia y la perversidad, sino con pan sin levadura, que es la sinceridad y la verdad.” 1 Corintios 5:8, NVI.

Considero extrema la posición de algunas religiones cuando ni tan siquiera saludan, hablan o muestran humanidad a quienes consideran pecadores; hay que recordar que  Jesús trató con personas así con la intención de ayudarlas en sentido espiritual. Pero también es verdad que el cristianismo tiene unos mínimos éticos y es el derecho de toda persona obrar con libertad y elegir sus propias amistades.

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